Me gustaba ir allí, la mayoría de días las horas pasaban muy deprisa dentro de aquellas cuatro paredes. Me servía para evadirme de los cambios de mi vida, cambiar de caras, o en cambio otras veces ver caras conocidas. Caras que se habían hecho conocidas con el paso de los días, caras que no había visto nunca antes, pero que ahora al final del día necesitaba verlas. La rutina había empezado a formar parte de mi vida